Día 0 – El portal

Me despido de mis amigos y me dirijo al aeropuerto de Barcelona. Ya en el avión, sentado unos asientos delante de mí, veo a un señor idéntico a mi primo. Es cuánticamente imposible que mi primo esté en este vuelo, pero recuerdo que voy de camino a la tierra de mis ancestros, así que no es extraño encontrar cierta similitud entre sus habitantes y mi familia.

Aterrizo en San Sebastián. El aeropuerto está lejos de la ciudad y el único autobús disponible pasará recién en media hora. Hablo con unos turistas japoneses para proponerles compartir un taxi, pero me dicen que no, así que toca esperar.

Mientras espero, me invade la sensación de estar en un lugar completamente desconocido. Estoy a punto de comenzar algo que hasta ahora consideraba abstracto. Me veo parado en el atardecer de un día nublado, en una tierra ajena, con toda mi vida empacada en una pequeña mochila de laptop para las próximas dos semanas. Estoy en un lugar que hasta ahora solo existía en mi imaginación. Siento que he atravesado un portal. El tiempo parece ralentizarse, como si lo hubiera puesto bajo un microscopio, donde ahora puedo observar cada fragmento que lo compone

Finalmente llega el autobús, pero al subir me doy cuenta de que no tengo cambio para pagar el pasaje y no se puede pagar con tarjeta. El conductor, al verme a punto de bajar, me dice que me siente.

Llego al albergue más tarde de lo previsto, ya que el vuelo se había retrasado. Voy a cenar a un restaurante chino y pido un plato bastante contundente. Cuando termino de comer, ya son las 10 de la noche. Regreso al albergue con la intención de dormir temprano para empezar el Camino con energía al día siguiente. Sin embargo, la noche comienza con pesadillas, seguidas de insomnio. Creo que estoy resfriado.

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