01

Día 0 – El portal Day 0 – The Portal

Me despido de mis amigos y me dirijo al aeropuerto de Barcelona. Ya en el avión, sentado unos asientos delante de mí, veo a un señor idéntico a mi primo. Es cuánticamente imposible que mi primo esté en este vuelo, pero recuerdo que voy de camino a la tierra de mis ancestros, así que no es extraño encontrar cierta similitud entre sus habitantes y mi familia.

Aterrizo en San Sebastián. El aeropuerto está lejos de la ciudad y el único autobús disponible pasará recién en media hora. Hablo con unos turistas japoneses para proponerles compartir un taxi, pero me dicen que no, así que toca esperar.

Mientras espero, me invade la sensación de estar en un lugar completamente desconocido. Estoy a punto de comenzar algo que hasta ahora consideraba abstracto. Me veo parado en el atardecer de un día nublado, en una tierra ajena, con toda mi vida empacada en una pequeña mochila de laptop para las próximas dos semanas. Estoy en un lugar que hasta ahora solo existía en mi imaginación. Siento que he atravesado un portal. El tiempo parece ralentizarse, como si lo hubiera puesto bajo un microscopio, donde ahora puedo observar cada fragmento que lo compone

Finalmente llega el autobús, pero al subir me doy cuenta de que no tengo cambio para pagar el pasaje y no se puede pagar con tarjeta. El conductor, al verme a punto de bajar, me dice que me siente.

Llego al albergue más tarde de lo previsto, ya que el vuelo se había retrasado. Voy a cenar a un restaurante chino y pido un plato bastante contundente. Cuando termino de comer, ya son las 10 de la noche. Regreso al albergue con la intención de dormir temprano para empezar el Camino con energía al día siguiente. Sin embargo, la noche comienza con pesadillas, seguidas de insomnio. Creo que estoy resfriado.

I say goodbye to my friends and head to Barcelona airport. Once on the plane, sitting a few rows ahead of me, I spot a man who looks exactly like my cousin. It’s quantumly impossible for my cousin to be on this flight, but I remember that I’m on my way to the land of my ancestors, so it’s not strange to find similarities between its people and my family.

I land in San Sebastián. The airport is far from the city, and the only available bus won’t arrive for another half hour. I approach some Japanese tourists to suggest sharing a taxi, but they decline, so I’m left to wait.

As I wait, I’m overcome by the feeling of being in a completely unfamiliar place. I’m about to begin something I had only considered abstract until now. I find myself standing in the sunset of a cloudy day, in foreign land, with my entire life packed into a small laptop backpack for the next two weeks. I’m in a place that, until now, had only existed in my imagination. It feels as though I’ve crossed a portal. Time seems to slow down, as if I’ve placed it under a microscope, able to observe every fragment that makes it up.

The bus finally arrives, but as I board, I realize I don’t have any change for the fare, and card payments aren’t accepted. As I’m about to step off, the driver tells me to sit down.

I arrive at the hostel later than expected since the flight had been delayed. I go out for dinner at a Chinese restaurant and order a hearty dish. By the time I finish eating, it’s already 10 p.m. I return to the hostel intending to sleep early and start the Camino with energy the next day. However, the night begins with nightmares, followed by insomnia. I think I’m coming down with a cold.